sábado, noviembre 05, 2005

Comunicación interactiva: un recurso de los movimientos colectivos ante la crisis de la política instituida.

Inicio citando a Ithiel de Sola Pool, pues él habla de cominicación interactiva destacando el hecho de que “de uno u otro modo la lógica programada que puede incorporarse en la moderna comunicación electrónica está reduciendo en parte la uniformidad pasiva de la comunicación masiva” (Subrayado mío, 1990:70). Señala también que “ahora el péndulo de la tecnología empieza a oscilar alejándose de tales medios pasivos y apuntando hacia la creación de otros que requieran de una interacción mucho más vigorosa de parte de sus públicos” (Ibíd., 251). Se refiere desde luego a la comunicación on-line aplicada al uso de computadoras, aunque actualmente se ha de destacar también lo que ha representado la combinación de las mismas aplicaciones tecnológicas en el caso de la telefonía móvil mas reciente.
Ahora bien, para situar en un plano lo suficientemente amplio el análisis de asuntos tan concretos como los ligados con la comunicación y con la política en razón de la aplicación de estas nuevas tecnologías, encuentro conveniente remontarme a la relación que entre la transformación social y la transformación tecnológica ya mucho antes observaba Leslie White, quien desde la perspectiva teórica del evolucionismo multilíneal explicaba que:

El factor tecnológico es [...] determinante de un sistema cultural considerado como un todo. Determina la forma de los sistemas sociales, y tecnología y sociedad determinan juntas el contenido y la orientación de la filosofía. Naturalmente, ello no equivale a decir que los sistemas sociales no condicionen el funcionamiento de las tecnologías, o que los sistemas sociales y tecnológicos no sean influidos por las filosofías. Es una suerte de dependencia claramente manifiesta (1964: 340).


Todo sistema social se apoya sobre un sistema tecnológico y es determinado por este último. Pero todo sistema tecnológico funciona dentro de un sistema social y es en consecuencia condicionado por él (Ibíd., 353). Siguiendo la observación de esta relación, puede decirse que las barreras estructurales tanto económicas como sociales que determinan las posibilidades de acceso para los diferentes estratos a las nuevas tecnologías, no son sino mecanismos de la exclusión que se traduce a una limitación de los beneficios que en otras condiciones sociales ofrecería el mismo sistema tecnológico. No obstante esto, en otra parte el mismo White ha advertido que una vez liberada de restricciones toda nueva tecnología incidirá siempre en la transformación del sistema social y del complejo cultural que la contiene (citado por Beals, 1963:685). Con esto, sin subestimar las barreras que actualmente determinan las posibilidades de acceso a la Internet y la telefonía móvil, resulta importante tener en cuenta que este acceso y la popularización de tales tecnologías también ha seguido un curso en el que, bajo otros mecanismos que las liberan[1], se puede observar lo que Pool supone al decir que “poco a poco, conforme crecen y se perfeccionan los sistemas y su costo baja, la potencia, la flexibilidad y la adaptación al usuario individual de los sistemas de computación interactiva bien pueden conquistar a una nueva generación de buscadores de información” (1990:257). E incluso, como es posible que acerca de los procesos de innovación tecnológica se pueda afirmar con relación a los procesos de carácter social que le acompañan, que de hecho existe siempre esta tendencia a la popularización del uso de las tecnologías que emergen en cada momento —tal y como actualmente se observa en torno de la Internet y la telefonía móvil—, se puede entonces también esperar en función de tal popularidad cada vez mayores efectos sobre el actual sistema social transformándolo en todas partes.
Ahora, considerando la tendencia de dichos efectos, mi opinión es que el hecho resulta por lo demás trascendente y no reductible a lo que tal innovación ha significado tan sólo comercialmente, ya que esta novedad trae consigo por lo menos dos cambios cuyas repercusiones sobre la estructura social es necesario analizar: por un lado, afirmo que a partir de esta innovación tecnológica se presenta en modo masivo una posibilidad nueva a la percepción que se tiene del entorno social, lo que quiere decir, una nueva posibilidad de relaciones hablando de la identidad como expresión de la vida colectiva, y que a partir de estas innovaciones se ha transformado porque la experiencia colectiva ya no es limitadamente local, sino que se ha potenciado como experiencia global.
Por otra parte, el otro cambio tiene que ver con lo ya señalado por Pool en cuanto a la transformación de la uniformidad pasiva que ofrecen los medios masivos tradicionales, y al respecto hay que reparar en que tal limitación había quedado establecida por la estructura comunicacional bajo la que básicamente funcionaron y funcionan dichos medios, y que es la estructura del monólogo. En contraste, lo que ahora ocurre es que la innovación tecnológica establece de por sí el cambio a una estructura de comunicación que permite y requiere —como ha indicado Pool— una interacción mucho más vigorosa de parte de los públicos; en mi opinión esta estructura es la del diálogo.
Actualmente nos encontramos entonces ante una variación de la estructura comunicacional en los medios de masas que tradicionalmente se había caracterizado por mensajes unidireccionales y porque en su lógica se asume al receptor fundamentalmente en perspectiva individual, algo que ya se ha señalado por algunos estudiosos en el caso de la televisión, y donde en alguna forma se ha de considerar también a la radio y a la telefonía por cable (sobre todo considerados a partir del uso que les da la política instituida, entiéndase: la política sostenida por el Estado).
La transformación de la estructura comunicativa de los medios masivos que tiene lugar con el uso de la Internet y la telefonía móvil, se presenta en tal manera que hoy en día los mensajes fluyen fácilmente en recorridos de ida y vuelta y ya no son condicionadamente unidireccionales, además de que se articulan espacios en los que la comunicación ocurre en perspectiva colectiva y ya no primordialmente dirigidos a lo individual. Los alcances de la experiencia concreta de las personas por este hecho son radicalmente distintos si tenemos en cuenta, ahora retomando a Bajtín, que: La misma existencia (intrínseca y extrínseca) es una profunda comunicación. [pues] Ser quiere decir comunicarse. La muerte absoluta (el no ser) es permanecer sin ser escuchado, sin ser reconocido, sin ser recordado (Bajtín, “La cultura”, 2000: 163-164).
Con esta transformación de la estructura comunicativa en los medios masivos las condiciones que determinan esa “muerte absoluta” en términos del no ser escuchado, reconocido o recordado, cambian. Su posibilidad sencillamente desborda las limitaciones que el control de la comunicación y de la interacción en otro momento tecnológico hicieron más o menos posibles. Actualmente, la experiencia dialógica de la existencia que se hace operable mediante el uso de la Internet y de la telefonía móvil renueva a la otra experiencia aislada y callada ofrecida por los tradicionales medios masivos, los cuales funcionaron siempre bajo una estructura eminentemente monológica que, en voz de Bajtín, está caracterizada porque:

En una aproximación monológica (limítrofe o depurada), el otro permanece plenamente tan sólo como objeto de la conciencia, pero no como otra conciencia. El monólogo es concluso y sordo hacia la respuesta ajena, no la espera y no reconoce su fuerza decisiva. El monólogo se las arregla sin el otro y por lo mismo en cierta medida cosifica a toda la realidad. El monólogo pretende ser la ultima palabra. Clausura el mundo representado y a las personas representadas (Bajtín, “La cultura”, 2000: 163-164).


Con estas condiciones o características, el monólogo plantea además estructuralmente la determinación de la actitud pasiva que en los medios de masas tradicionales se impone, pues con ellos el receptor no tiene gran posibilidad de replica, ni espacio a ejercer una iniciativa interactiva. Este mismo condicionamiento estructural es el que a su vez aplica en el uso que los partidos políticos y el Estado hacen de la televisión, la radio y la telefonía por cable dando lugar al trato del otro como objeto, completamente definido y silenciado, circunscrito en su derecho de participación únicamente al voto, que en principio le determina en función de las maneras y opciones estipuladas.
Tal limitación queda ahora transformada. Plantados en una perspectiva histórica de las revoluciones culturales, el momento tecnológico que pasamos tiene importancia porque con esta innovación la experiencia del encuentro con el y lo otro cambia en modo masivo respecto a la posibilidad interactiva que habían ofrecido y ofrecen la televisión, la radio y la telefonía por cable. La estructura comunicacional bajo la que funcionan la Internet y la telefonía móvil implica de por sí la iniciativa interactiva, con lo que la experiencia de la comunicación es radicalmente otra primero respecto a la determinación pasiva impuesta por los medios masivos tradicionales, pero además por que resulta un hecho que:

Una enunciación concreta (y no una abstracción lingüística) nace, vive y muere en el proceso de interacción social de los participantes del enunciado. Su significación y su forma en general se definen por la forma y el carácter de esta interacción. Al arrancar la enunciación de este suelo real que la alimenta, perdemos la llave de su forma, así como su sentido, y en nuestras manos quedan o una envoltura lingüística abstracta, o bien un esquema así mismo abstracto del sentido (Voloshinov*, “La palabra”, 1997: 122-123).


Hoy en día, en cambio, podemos decir que el esquema del sentido en estas relaciones emerge constantemente renovado, dando lugar, entre otras cosas, a nuevas expresiones, manifestaciones y experiencias de la esfera pública y de lo político. La transformación de la estructura comunicativa de la que se habla ha llevado a una nueva posibilidad la idea que el mismo Bajtín planteaba al afirmar que:

Vivir quiere decir participar en un diálogo: preguntar, poner atención, responder, estar de acuerdo. En este diálogo, el hombre completo toma parte con toda su vida: con sus ojos, labios, manos, alma, espíritu, el cuerpo entero, los actos. Su ser entero se le va en la palabra, que se introduce en el tejido dialógico de la vida de los hombres, en el simposio universal (“El lenguaje”, 2000: 165).


La intensificación de la experiencia dialógica que ha implicado el uso de la Internet y la telefonía móvil ha sido sin duda un recurso que está incidiendo en la experiencia de los movimientos colectivos a nivel planetario, los cuales hasta entonces habían sido limitadamente locales; la posibilidad de articular una experiencia global de lo colectivo a las vivencias locales tiene significativas implicaciones si hablamos de la crisis de la política instituida, pues precisamente esta posibilidad de experimentar el encuentro en tiempo real con experiencias localizadas en latitudes, situaciones y momentos antes inaccesibles, es lo que hace que estas nuevas tecnologías estén incidiendo en la transformación ideológica y práctica de sistemas sociales diversos, y concretamente en lo relativo a la configuración de la esfera pública. Así, el aspecto central que destaco es que el uso de estas tecnologías resulta un recurso que da paso a estructuras comunicativas mucho más amplias que la tradicionalmente unilineal que caracterizó a los medios de masas que limitan la participación y que han sido en gran medida base para el sostenimiento de la práctica política defendida por el Estado (Partidos Políticos e Instituciones).
Esta nueva posibilidad interactiva y de encuentro está incidiendo entonces sobre la transformación de los sistemas sociales mediante la conformación de una esfera pública global, que contribuye a la puesta en crisis de la política instituida por los Estados nacionales, y a su vez, fortalece los movimientos colectivos locales a nivel mundial, ambos aspectos constatables en un contexto actual de manifestaciones encontradas dentro de aquel simposio universal realizable en condiciones óptimas de lo dialógico según lo sugiere Bajtín.
Ubicándonos así en nuestro tema de interés, es evidente que el encuentro que actualmente se hace posible gracias al uso masivo de estas nuevas tecnologías, está mostrando sus efectos en todo el globo sobre el entendimiento y la práctica local de lo político, lo mismo que en la articulación de nuevas experiencias de lo colectivo que están cambiando incluso la experiencia de lo colectivo-local. Me refiero aquí a las Transformaciones estructurales de la esfera pública ya señaladas años antes por John Keane (1996: 73), y dato de esta transformación es la constatación de lo que el mismo Keane apenas prefiguraba como manifestación de “una diversidad de tendencias contradictorias, influyendo no sólo nuevos modos de dominación, sino también batallas públicas sin precedente para definir y controlar los espacios en los que aparecen los ciudadanos” (Ibíd., 76).
Precisamente, aunado a este mismo fenómeno de diversificación de los espacios de discusión y de opinión, más recientemente se ha requerido una reelaboración en los ámbitos académicos de lo que se había entendido en otras circunstancias por ciudadanía, proceso que bien explica Rossana Reguillo Cruz, cuando dice que:

El debate en torno a la ciudadanía es hoy día uno de los más vigorosos, tanto en los foros sociopolíticos como académicos, y ello se explica en parte, por la necesidad de re-nombrar un conjunto de procesos de incorporación y reconocimiento social que [ahora] no se agotan en la pertenencia a un territorio, en el derecho al voto y a la seguridad social, sino que de manera creciente se articulan a la reivindicación de la diferencia cultural como palanca para impulsar la igualdad. Se debate ya una cuarta dimensión de la ciudadanía, “la cultural” (Rosaldo, 1992), dimensión que se ha hecho posible en las luchas políticas de minorías y excluidos de los circuitos dominantes (2002: 30).


Con esta re-conceptualización de dicha categoría se plantea una superación estructural que la desata de su delimitación promovida por el carácter administrativo del Estado, el cual se ha adjudicado decir lo que es derecho y deber del ciudadano; por eso en este sentido, hay que tener en cuenta lo que ya Lévinas señala como la tendencia al estatismo totalitario según la cual el recurso de administración ejercido por el Estado es siempre fuente de una nueva opresión (Lévinas, 1997: 31). La superación estructural de la experiencia y de la práctica ciudadana que había sido delimitada por la política instituida en el contexto de los Estados nacionales, se presenta en cambio ahora con la necesidad de ser redimensionada por su incursión en los nuevos espacios públicos articulados gracias al uso de la Internet y la telefonía móvil, a fin de tener en cuenta su nueva posibilidad de incidencia respecto al manejo del poder aportada por el surgimiento de nuevos frentes acoplados en modo alternativo a los tradicionalmente concedidos para el ciudadano. Así, estos medios de comunicación con su estructura comunicativa básica hacen posible la puesta en práctica de la interacción incluyente, que promete, retomando otra vez a Rossana Reguillo “una fortaleza que puede hacer la diferencia en la lucha por la inclusión, a condición de abandonar cualquier afán redencionista que puede devenir fundamentalismo” (2002: 29).
Haciendo un pequeño paréntesis en este sentido, posicionados también en el contexto que se describe, quienes tomamos parte en él y considerando que la idea que podemos hacernos de la vida toma forma a partir del acontecimiento del encuentro —en el sentido incluso de nuestra relación con el entorno—, y dimensionando tal acontecimiento siguiendo ahora a Martín Buber en su filosofía cuando propone que como Ser “me realizo al contacto del Tú [...] [—y que en este sentido—] Toda vida verdadera es encuentro” (1994: 13), o bien, como lo he mencionado antes al acudir a Bajtín, asumiendo que la existencia es en sí una profunda comunicación por la que se participa en un diálogo, resulta entonces significativo el hecho de que auxiliados por esta misma tecnología hoy nos sea posible, entre otras cosas, diseñar espacios de conversación como éste —que usted lector o lectora en este momento actualiza—, cuya finalidad e importancia es que la reflexión individual se colectiviza de acuerdo a los temas y asuntos que aún en modo efímero nos son comunes (como instante de un proceso que se realiza para la vida humana en modo permanente) y que de esta manera se liga al macro-proceso productivo, por llamarlo en alguna forma, que entendemos como cultura y a partir del cual nos es posible aprehender todos los aspectos de la vida para entenderla, revisarla, reflexionarla o bien, construir ideas en torno de nosotros mismos en ella, transformándola. Evidentemente, este proceso de incidencia participativa no es, lo sabemos, un evento simple; sino que involucra tal diversidad de circunstancias contextuales, como aspectos y actores heterogéneos que también es preciso revisar, sistematizar, entender, criticar y hasta reelaborar —responsablemente— como manera de llevar nuestras reflexiones siempre a asuntos prácticos, pero sinembargo es ya parte de nuestra realidad.
Mi finalidad con esta exposición de ideas entonces, está en destacar la importancia que adquiere para la incesante renovación del complejo cultural el desarrollo tecnológico aplicado a las comunicaciones en relación con los fenómenos y los procesos sociales que involucra, y específicamente con respecto del manejo de poder, dada la transformación estructural de los sistemas comunicativos en los medios de masas tradicionales que se caracterizaron por ser monológicos. Así, en el contexto del presente desarrollo tecnológico y del aún reducido pero inminente acceso de una cada vez mayor diversidad de actores al uso de la Internet y la telefonía móvil, la actual crisis de la política instituida se ve enfrentada a movimientos colectivos que han adquirido una fuerza resultante de la experiencia globalizada de su colectividad. Como ha quedado expuesto, ambos fenómenos se explican, en mi modo de ver, por una diferencia estructural en el sistema comunicativo tal como es puesto en práctica por los diversos actores. Por un lado, la llamada “clase política” esencialmente ha mantenido una estructura comunicacional que es monológica y ante la que la sociedad en general ha terminado por reducir la credibilidad en sus acciones; en cambio, los movimientos colectivos han hallado en la posibilidad interactiva que ofrecen la Internet y la telefonía móvil verdaderos “espacios” de encuentro basados en el interés común; posibilidad interactiva que en otra manera no les sería posible tener y cuya diferencia radical es que tiene lugar gracias a una estructura comunicacional que es en principio dialógica.
En este sentido, la relevancia de dicho recurso para la puesta en práctica de una nueva política y de una nueva experiencia ciudadana es que allí, a partir de la experiencia colectiva local y auxiliándose de esta tecnología, surgen acciones acordadas de beneficio mutuo, promoviendo el trato justo e incluyente en asuntos que son de interés público llevados a una dimensión global, haciéndose cada vez más claro que:

Son los movimientos sociales en su compleja heterogeneidad los que han venido a señalar la insuficiencia de una conceptualización pasiva en la que la ciudadanía parece una concesión de los poderes y no, como de hecho está demostrando ser, una mediación fundamental que sintetiza o integra las distintas identidades sociales que una persona actualiza (mujer, indígena, negro, profesionista, consumidor, espectador, joven, público, homosexual, etc.), para participar con derechos plenos en una sociedad (Reguillo, 2002: 30).


Esta tendencia ha traído consecuentemente consigo la desmitificación de la política que había estado reducida a su campo institucionalizado, dejando ya de ser concebida exclusivamente como deber y poder de unos cuantos y realizable únicamente con base en determinadas formas (las del Estado). Continuando una vez más con Rossana Reguillo, en el actual contexto tecnológico:

El principio de heterogeneidad no sólo apunta a la diversidad de grupos sociales, discursos y creencias orientadoras que dan forma a los procesos de secularización, sino además, a la multiplicidad de zonas de condensación de poderes, que coexisten y se articulan al poder del Estado, no necesariamente, ni siempre de manera armónica. Estas zonas, están constituidas por diversas instituciones, organizaciones, grupos, o por una mezcla de éstos, que elaboran sus propios discursos de orden [...] que puede o no favorecer el acuerdo con las aspiraciones, valores, ideologías y acciones del Estado Nacional [... y] Bajo tal perspectiva, asumir que las formas de percepción, valoración y acción en la esfera pública, se desprenden exclusivamente del Estado y de las instituciones legitimadas por el discurso dominante, no es solamente una reducción sino un error, ya que hoy compiten en y por el espacio público una diversidad de actores que rebasan las formas tradicionales de gestión (partidos, sindicatos, cooperativas, etc.) y de representación política (diputados, senadores, funcionarios públicos) y que desbordan los espacios formales de la política (municipio, estado, federación) (Ibíd., 21-22).


Los nuevos espacios de encuentro, de conversación, de identificación y de acuerdo de relaciones justas que se hace posible en el área global (como evidencia de los movimientos colectivos en su dimensión local) gracias al empleo de las nuevas tecnologías en la comunicación de masas, constatan que una política entendida como ejercicio dialógico del poder, emergente en el contexto de una esfera pública diversificada y desterritorializada, no es ya algo que la sociedad en su totalidad espere que la “clase política” tenga a bien llevar a la práctica, sino que ésta es una política que actualmente opera y por la que tarde o temprano la política instituida en su crisis debe renovarse.


Bibliografía

Bajtín, Mijaíl M.
2000 “La cultura”, en: Yo también soy (Fragmentos sobre el otro), Selección, tr. comentarios y prólogo de Tatiana Bubnova, México, Taurus.

Beals, Ralph l. / Hoijer, Harry
1978 “Estudios recientes relacionados con la evolución cultural”, en: Introducción a la antropología, tr. Juan Martín Ruiz-Werner y Juan García-Puente, Madrid, Aguilar, pp.683-687.

Buber, Martín
1994 Yo y Tu, Buenos Aires, Nueva Visión.

Pool, Ithiel de Sola
1990 Tecnología sin fronteras: de las telecomunicaciones en la época de la globalización, Tr. Roberto Helier, México, FCE.

Reguillo, Rossana Cruz
2002 “La crisis en los sistemas de representación... la política”, en: Cuatro ensayos de comunicación y cultura para pensar en lo contemporáneo, León, Universidad Iberoamericana, pp. 19-26.

2002 “Nuevos actores y protagonismos: la ciudadanía”, en: Cuatro ensayos de comunicación y cultura para pensar en lo contemporáneo, León, Universidad Iberoamericana, pp. 27-31.

Voloshinov, Valentín Nikólaievich
1997 “La palabra en la vida y la palabra en la poesía. Hacia una poética sociológica”, en: Hacia una filosofía del acto ético. De los borradores y otros escritos, comentarios de Iris M. Zavala y Augusto Ponzio, tr. Tatiana Bubnova, Barcelona, Anthropos, pp.107-137.

White, Leslie A.
1964 La ciencia de la cultura : un estudio sobre el hombre y la civilización, tr. Gerardo Steenks, Buenos Aires, Paidós.



Notas

[1] Tales como el movimiento que promueve el uso de Software libre, o la piratería y el comercio informal que actúan poniendo al alcance las más recientes innovaciones aún antes de estar disponibles en el comercio formal.
* Como es sabido, Bajtín escribió usando al menos tres heterónimos o seudónimos, entre los que Valentín Nikólaievich Voloshinov es uno de ellos.

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